En el síndrome de Turner, la pérdida de óvulos no empieza en la adolescencia: el agotamiento de las células germinales se acelera ya durante la vida fetal. Por eso, cuando una familia recibe el diagnóstico de una niña, una de las primeras preguntas que aparecen es si conviene guardar material reproductivo antes de que sea demasiado tarde. La respuesta, según una revisión publicada en Frontiers in Endocrinology, es que las dos técnicas disponibles son factibles y seguras desde el punto de vista procedimental, pero nadie ha demostrado todavía que ese material congelado acabe en un embarazo.
El conocimiento sobre preservación de la fertilidad en niñas procede sobre todo de las cohortes de oncología pediátrica, donde la urgencia es evitar que la quimioterapia destruya la reserva ovárica. Ese modelo se está trasladando a condiciones no oncológicas con riesgo de fallo ovárico, entre ellas las diferencias del desarrollo sexual (DSD). El síndrome de Turner es, dentro de ese grupo, el que acumula más experiencia clínica. La revisión repasa las dos vías que se usan: la criopreservación de tejido ovárico, que se obtiene por laparoscopia y se puede realizar incluso antes de la pubertad, y la criopreservación de ovocitos, que requiere maduración y recuperación de óvulos.
Los datos disponibles apoyan la viabilidad técnica y la seguridad general de ambos procedimientos. Lo que no existe es una regla que permita saber de antemano qué niñas se beneficiarán. La revisión señala varios rasgos que se asocian con encontrar folículos en el tejido o con lograr recuperar ovocitos: la presencia de una línea celular 46,XX, un desarrollo puberal espontáneo, una hormona antimülleriana detectable y concentraciones más bajas de FSH. Son señales de que queda función ovárica residual, no una garantía de éxito, y encajan con los casos de mosaicismo en los que parte de las células conservan dos cromosomas X completos.
El punto más incómodo es el que afecta al resultado final. La evidencia sobre la utilización del material criopreservado, los embarazos y los nacimientos vivos es todavía muy limitada, y la eficacia reproductiva de la preservación de la fertilidad en el síndrome de Turner no está establecida. Dicho de otro modo: hoy se puede ofrecer la posibilidad de congelar, pero no se puede prometer un hijo. Esa diferencia entre procedimiento disponible y resultado probado es la que debería estar en el centro de la conversación con la familia, y también la que obliga a evitar mensajes optimistas que la evidencia no sostiene.
La revisión añade un elemento que a veces queda fuera de la consulta de reproducción: el corazón. Antes de plantear un embarazo en una mujer con síndrome de Turner hay que valorar la elegibilidad cardiovascular y los riesgos obstétricos asociados, porque la aorta y el resto del sistema cardiovascular condicionan la seguridad del embarazo tanto como la reserva ovárica. Hasta que lleguen datos de seguimiento a largo plazo, los autores defienden una selección individualizada de pacientes y un asesoramiento multidisciplinar, con expectativas realistas sobre beneficios, límites e incertidumbres. La experiencia acumulada en Turner, concluyen, puede servir además para organizar la atención reproductiva de otras condiciones DSD.
Fuente: Fertility preservation in girls and adolescents with Turner syndrome: lessons for reproductive care in differences of sex development – a mini-review. Kolesińska Z, Obara-Moszyńska M, Niedziela M, Kapczuk K. Frontiers in Endocrinology 2026;17:1918808. DOI: 10.3389/fendo.2026.1918808.
Consulta de la publicación: DOI 10.3389/fendo.2026.1918808 · PubMed 42877498




